Tercera semana

Pues siguen pasando cosas interesantes en estos trabajos en el campo. Siendo yo no es para menos. Esta semana ha empezado de forma sorprendente. Lo primero es que me ha tocado trabajar cerca de casa, eso es lo más sorprendente de todo. Y después a media mañana algo inaudito. De repente en mitad del campo, en un sembrado en medio de la nada, hemos divisado a dos personas que iban andando igual que nosotros. Le he dicho a mi compañera, “mira aquellos andando, lo mismo son arqueólogos también”. Nos hemos acercado y de repente…..eran unos amigos haciendo otro trabajo de prospección. Compis a los que no veía hacía más de un año. Y lo más gracioso es que el viernes hablando por mensaje comentábamos, de cachondeo, que con esto de las prospecciones lo mismo nos veíamos por los campos. Quien iba a imaginar que el campo español es un pañuelo…..lleno de arqueólogos.

A parte de eso el día me ha sorprendido con un zorro tumbado delante de mis pies, mientras iba caminando, que me he quedado un poco loca porque he pensado “que hace un perrete aquí tumbado solo en medio de un sembrado en mitad de la nada”. Cuando ha salido huyendo ya he visto que era otro tipo de canido, rojo, gordete y esponjoso con una cola enorme. Me ha parecido monísimo.

No como las aves rapaces que nos han sobrevolado, no se si eran águilas o buitres, pero tenían una envergadura de ala que ni el pasillo de muchos pisos madrileños. Me ha dado cosica por si nos confundían con un ternerillo o un cordero y nos querían comer. Que por tamaño pudiera ser.

El marte el día fue más tranquilo, sólo encontramos unos globos (hasta 3) de unicornios y muñequitas de colores, de esos que venden en las ferias. No se que feria se puede haber celebrado en una área cercana (o lejana) con esta situación. Pero vamos, que tengáis en cuenta que esos globos que se escapan no viajan al país de Oz, ni al cielo de los globos, caen en campitos a las afueras de las ciudades y son basurita. Pues eso.

A parte de eso sólo mencionar que encontramos un yacimiento de prehistoria reciente con abundante cerámica, pero eso es lo de menos, es a lo que íbamos.

Pero llego el miércoles y ya llevábamos muchos días de tranquilidad y sin altercado. Así que el destino decidió regalarme un esguince, o torcedura. Y es que yo que soy torpe de por si, no tuve cuidado y me lance monte abajo corriendo por la tupida vegetación de matorral y al llegar abajo salte y plas, el pie en una madriguera. La venganza del conejo. Y bueno, todo el día con un poco de dolor, aunque el abuso de antiinflamatorios y otros remedios ha hecho que no se me hinche y pueda seguir con mi vida y mi trabajo. Eso si, ese día no disfrute mucho el encontrar unas chulísimas estructuras y trincheras de la guerra civil, y comer en ellas bajo un almendro hablando de los soldados que estarían ahí mismo pasando penurias (mayores que un tobillo torcido) hace 85 años.

El jueves fue también un día de monte y trincheras, pero con el agravante de un viento infernal que casi nos lleva a nosotros como a los globos de feria. En un momento dado creí que incluso nos había trasladado por un agujero de gusano, ya que de repente tenía delante una cabaña digna de la prehistoria. Pero no, sobrevivimos en el presenta.

Y así acabó una semana más sin nada destacable, bueno sí, que ha sido una semana de solo cuatro días y me ha parecido perfecta. Todas deberían ser así, para que yo tenga tiempo de descansar y respirar.

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